AEMARK y el apoyo al FRAUDE científico #AEMARK18

¡Hola amigos!,

como os conté hace unas semanas en la entrada «Carta de solicitud de retracto enviada a AEMARK», el 16 de marzo solicité a la secretaria de la asociación, Mercedes Martos Partal, con copia al resto de la Junta Directiva (Josep Rialp Criado, Natalia Rubio Benito, Raquel Gurrea Sarasa, Ángel Herrero Crespo, Juan Antonio Mondéjar Jiménez, José Luis Placer Galán, Carlos Flavián Blanco, Fco. Javier Rondán Cataluña, Carla Ruiz Mafé y Mónica Cortiñas Ugalde), el retracto de una publicación que hicimos para el XXVIII Congreso AEMARK (2016) —el que se hizo en León.

El motivo de solicitar el retracto es que los datos que enviamos habían sido «fabricados». En aquel momento no sabía que el proceso de cocinado al que Salvador Ruiz de Maya  (el responsable del equipo de investigación) sometía los datos era un fraude, algo que descubrí con el paso de los meses —poco después fui comprobando que esto era solo la punta del iceberg… también recibí presiones sutiles para falsificar los cuestionarios que tenía que reportar en la tesis, para inventar escalas, forzar mediaciones inexistentes o tantas otras prácticas deshonestas que os emplazo a leer en este pequeño ensayo por no extenderme demasiado aquí.

Como cabe esperar, esta no es una acusación «gratuita»; todo el proceso de falsificación está bastante bien documentado, por ejemplo, en la tercera parte del libro «Personalidades múltiples, (des)honestidad, ciencia y una tesis fracasada con Salvador Ruiz de Maya e Inés López López» o en los vídeos donde muestro el procedimiento en R que siguió Salvador en dos experimentos distintos para conseguir un p-value significativo.

Como autor principal de la publicación, supongo que es totalmente lícito que pueda pedir el retracto de la misma con el fin de no contaminar el conocimiento científico. La ejecución no sería complicada, no tendríamos más que emular lo que hacen las revistas; podríamos incorporar en el libro de actas del congreso de este año un apartado de RETRACTOS donde incluir los trabajos que estuviesen en esta condición. Pero parece que AEMARK no lo tiene tan claro (¿quiere tapar el fraude?).

Tras pasar 6 semanas sin recibir respuesta de AEMARK a mi petición  (ni un mínimo email de ninguno de los integrantes de la directiva), el 25 de abril decidí contactar con parte de los organizadores del congreso de este año —Joan Llonch Andreu, Carmen Casablancas y Rossano Eusebio—. Lo cierto es que los compañeros de la UAB fueron muy eficientes y en muy pocos días me respondieron, indicando que habían consultado con AEMARK y que su respuesta era que «es una cuestión que nunca se ha planteado anteriormente», y que ellos desde la organización del congreso de este año poco podían hacer si no recibían el visto bueno de AEMARK.

La siguiente acción que tomé fue dirigir un email personal a cada uno de los miembros de la directiva de AEMARK. He de decir que muchos de ellos me respondieron a título privado (como muchos otros compañeros), mostrándome su inquietud, pero me decían que poco podían hacer «de forma oficial» —no en vano, Salvador Ruiz de Maya es el presidente de AEMARK.

Por fin, el 7 de Mayo, 9 semanas después de enviarles la petición (sí, dos meses y una semana), recibí la respuesta de Mercedes Martos, secretaria de AEMARK, indicándome que daban acuse de recibo de la petición que había hecho, y que en la Junta de septiembre tratarían el tema (en septiembre habrán pasado unos 6 meses desde la petición) —esto me trae al recuerdo que España no se encuentre históricamente entre los primeros 30 países en el Global Competitiveness Index, creo que esta falta de agilidad es una buena muestra representativa. Quizá también por esta falta de eficiencia que tenemos arraigada en nuestra cultura, ninguna Universidad pública española esté en el top mundial—. ¡Medio año necesita AEMARK para dar respuesta!

Son muchas las reflexiones que podríamos hacer al respecto. Son muchas las preguntas que podrían asaltarnos, pero os las dejo a cada uno de vosotros. No obstante, permitidme compartir tan solo una: el recuerdo a los millones de investigadores honestos que se baten el polvo cada día con los experimentos, esos que se machacan uno y otro día, experimentando, repitiendo, cambiando, mejorando, analizando… hasta conseguir un conocimiento limpio. Y luego, el recuerdo de «los otros», los deshonestos, los que se hacen con una ventaja competitiva ilícita sobre los honestos, los que carecen de escrúpulos porque lo único que les importa es escalar a cualquier precio, los Jonh Darsee, los Cyril Burt, los Andrew Wakefield, los Haruko Obokata, los Steven S. Rosenfeld, los Brian Wansink, los José Román-Gómez, los Susana González o por qué no, los Salvador Ruiz de Maya.

En el deporte sometemos a controles antidoping a los deportistas para pillar a los tramposos, los que quieren hacer podium a cualquier precio. ¿Y en la ciencia/academia?, ¿tendremos que poner los mismos controles para acabar con esta lacra? ¿Y qué pasa con AEMARK, este es el nivel de ejemplaridad que tenemos que esperar de ella?

Como siempre, estaré encantado de que compartas con todos los lectores tu reflexión respecto al tema (en los comentarios de abajo), o bien, puedes contactar personalmente conmigo desde aquí  (puedes insultarme si lo deseas, hay estudios que muestran la correlación existente entre la ira interiorizada y los problemas cardiovasculares asociados a muertes prematuras, así que no te contengas 🙂 )

¡Gracias!,
Angel.

Bonus track 🙂 : Me encantó esta imagen de Joaquín Sevilla que hace unas semanas compartimos en esta entrada:  ¿Ciencia patológica o patología editorial?

Presentación Ciencia patológica y patología editorial, de Joaquín Sevilla

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